sábado, 2 de marzo de 2013


EL “PETERSBURGO” DE ANDREY BIELI.


Andrey Bieli
Martín Visuara, el disidente de sí mismo, vuelve a la Argentina.
Después de unos meses de condena a paseos forzados por su querida Madrid, volverá teniendo consigo un ejemplar del “Petersburgo” de Andrey Bieli.
(¿La mejor novela rusa del siglo XX? - Sí, pudiera ser)

A estas alturas, imagino que el flaco Visuara habrá adivinado ya ese secreto que muchos guardamos, o no nos atrevemos a decir en voz alta: San Petersburgo no existe.

(¿No existe? - me dirán – Pero si yo mismo la he visto...
No se cansen, es un problema muy común, nada grave – les digo)

No es una enfermedad, ni tampoco es un espejismo, es... es... y ya Visuara lo sabe: es un punto que hay entre los ojos, un nervio que, al concentrarse mucho, del mismo salen avenidas paralelas, cuadrículas, nubes y puentes... es, en resumen, un estado mental, un síndrome a menudo pasajero, pero que a Rusia le lleva afectando ya más de tres siglos.

(No deja de ser un hecho doloroso, más cuando en tu propia familia todos lo han sufrido. Casi igual de triste es tener amigos que dicen haber nacido allí... pobres... mucha culpa la tienen los vendedores de la estación Leningradskaya de Moscú, que venden billetes de tren a ese sitio que ellos mismos saben que no existe)

Dicen los libros de historia que la inexistente San Petersburgo la fundó Pedro el Grande, y que incluso acumuló enormes montones de magníficas piedras para construirla. Puede ser cierto...
Lo que es verdad, de la buena, de la mía, es que, sorpréndanse, ciento y pico años después de construida, San Petersburgo se la inventó Nikolay Gógol, un alegre ucraniano que se esforzó por parecer serio... y ocurrió lo que ocurre cuando un alegre ucraniano intenta ponerse serio: que se inventa San Petersburgo.

(¿Pero no vivió Gógol en San Petersburgo, y no la describió? - me dicen-
Sí, eso contaba él... fíense ustedes de Gógol... y la describió desde Roma, recordando sus años de estómago vacío y vacío alrededor – vacía estaba San Petersburgo hasta que él se la inventó).
Tampoco pudo describirla Dostoievskiy si no a través de las terribles fiebres con alucinaciones amarillas de Raskólnikov, o los ataques epilépticos amarillos del Príncipe Mishkin. Blok acertó a describir sus alrededores, llenas de mujeres desconocidas y fantasmales. También allí empezó una revolución que, hoy día, parece que se inventaron.

 ¿Y qué es el Petersburgo del moscovita Bieli? Es una magistral explicación de cómo se inventaron aquel lugar aquel grupo de soñadores moscovitas. Su libro es el manual de instrucciones de cómo Gógol creyó entrever San Petersburgo entre su niebla.

El dibujante Yuri Norshtein, reinventando San Petersburgo
Por mi parte, me quedo con lo que más me gusta. Del “Petersburgo” de Bieli (como del Ulíses de Joyce, me diría Visuara mientras se fumase el cigarrillo de la victoria por haber dejado de fumar), sí, como del Ulíses, me quedo con la verdad de que todo lo que sabemos y recordamos es producto de nuestra imaginación, que en nuestra memoria se acumulan imágenes y palabras transformadas por nosotros mismos, que son fotos de las que hemos eliminado lo que no nos gustaba, que hemos añadido elementos inventados, hemos acentuado otros... todo eso completa lo que creemos saber. Finalmente, no somos otra cosa que una invención, qué digo, muchas invenciones diferentes: la nuestra y las que los demás han hecho de nosotros.

(Y Moscú, listillo, ¿existe? - me dicen.
Me ponen entre la espada y la pared... no sé, no sé... fuera de esta cocina, quién sabe lo que está pasando afuera...)

Pero no desviemos el discurso y volvamos a lo fundamental: sobre cómo ganarle al Madrid la final de Copa. Ole ole ole, Cholo Simeone.

sábado, 23 de febrero de 2013


UN AÑO DESPUÉS.

Las señoras Vólkova y Karatsuba
Un año después, el jueves pasado, las señoras Karatsuba y Vólkova salieron de la estación de metro “Kropotkinskaya”.

(Llevaban ramos de flores. Mañana de sol y hielo. Enfrente se ve la enorme Catedral con la cúpula dorada; a la derecha, la estatua de Engels, que mira hacia otro lado, de piedra, como enfadado)

Karatsuba y Vólkova caminaron hacia la Catedral.

(Vólkova es Doctora en Historia Bíblica; Karatsuba es Candidata a Doctor en Historia de la Iglesia)


Catedral del Cristo Salvador
Las dos señoras cruzaron la gran esplanada. Saludaron a los policías y a los "voluntarios por la defensa de la Iglesia Ortodoxa”.

(Todos ellos muy nerviosos, un año después)

Karatsuba y Vólkova entraron por el gran pórtico.

(Y al momento, los pasos hacen eco. Rebota el eco en las inmensas paredes, en los frescos, en el el oro y en el mármol. Los ramos eran de tulipanes de colores)

Vólkova y Karatsuba se dirigieron al altar.
Karatsuba y Vólkova sacaron de sus bolsos unos pasamontañas y se los vistieron en la cabeza.
Y arrojaron los tulipanes sobre el altar, en honor al primer aniversario del baile de aquellas chicas presas, las Pussy Riot, hace un año, en el mismo lugar.

(Silencio. Alguien llama a la policía. Eco de pasos y voces en la Catedral)

Detuvieron a Karatsuba y a Vólkova. Pasaron un día en comisaría.

(A la vez, Depardieu criticaba a las Pussy Riot por televisión).

sábado, 16 de febrero de 2013


 … Y CAYÓ UN METEORITO.



Qué fácil es hacer feliz a un pueblo...

Me viene a la cabeza aquella estrofa de Visotskiy. Era algo parecido a esto: “E hicimos las cúpulas doradas para intentar que Dios se diese más cuenta de que estamos aquí”.

Pues mira, se ha dado cuenta. Y qué algorozo, que gustazo de meteorito.

(En algún ministerio estarán pensando en lanzar uno de estos dos veces al año, para subir la moral y el ánimo del país. Alemania se ha ofrecido a fabricarlos; lamentarán, a su vez, que no haya caído sobre Sochi el día de la ceremonia inaugural de las olimpiadas, que hubiese encendido la antorcha a la vez que retumbase el himno)

¿Ha sido la caída de este meteorito la mejor noticia en Rusia en los últimos treinta años?
Posiblemente sí.

¿Qué más puede pedir el pueblo ruso que unos fuegos artificiales semejantes, y gratis... y que rompa cristales, y haga ¡Bum, Bummmm! Que nadie se preocupe por Rusia en los próximos meses, que está feliz, en éxtasis, tiene risa y conversación para largo.

Pasaporte concedido al meteorito, como a Depardieu
Las bromas corretean por el país como niñas con coletas por el pasillo de un colegio. “Esto era el fin del mundo, que ha llegado con retraso, pues lo enviaron por Correos de Rusia”

¿Y qué otro pueblo, díganme, reacciona segundos después de la caída de un meteorito, después de ver paredes y cristaleras rotas, rompiendo a mano los cristales de sus casas para que el gobierno les pague unos nuevos? Se han dado casos. Qué agilidad mental, qué orgulloso me hacéis sentir...



Cheliabinsk antes y después del meteorito

En los periódicos de España leo: “El fenómeno lleva el pánico a los Urales"

La cuestión es ofender. ¿Pánico en Cheliabinsk, el Bilbao ruso?
Una leve sorpresa, quizás, una ruidosa brisa mañanera. Amenazas al cielo de los que han visto que les rayó un poco el coche... y ahora nostalgia, miradas al horizonte a ver si cae otro, a poder ser, más grande, que éste supo a poco.
Y envidia entre los que no lo vieron caer. 



domingo, 3 de febrero de 2013


APRENDA RUSO CON DEPARDIEU.



Hola amigos,
Joven estudiando ruso
el ruso es fácil si sabes con quién.

Yo no tuve otra oportunidad que la de estudiarlo mediante cuentecitos de Chéjov y libros de didáctica escritos por gente malvada allá por los años oscuros, manuales donde se sucedían textos inaceptables e inmorales como “El Primero de Mayo”, “Un día en la fábrica”, o incluso peor: “Un día en la escuela”.
Por suerte, hoy, en nuestro mundo abierto y transparente, podemos aprender ruso gracias a uno de los pilares fundamentales de la cultura rusa moderna: Gérard Depardieu.

(Para acallar las críticas: sí, cierto es que el señor Depardieu no habla ni una palabra de ruso, pero habla inglés, que es lo importante, y es un gran conocedor de la cultura y realidad del país: hizo el papel de Rasputín en una película. También cuenta que su padre, cuando era comunista, escuchaba “Radio Moscú”. Esto viene a demostrar dos cosas: la primera, que en la genética del señor Depardieu prevalecen los genes de la madre; segundo, que su padre no era su padre.
Por último, el señor Depardieu tiene gran experiencia en organizar fiestas de chicas y champán para los líderes y dictadores chechenos).


TEMA 1. LOS VERBOS.

En Rusia ya ha surgido un verbo que se acompaña con una sonrisa irónica: en grafía latina- “Depardierovat”, cuyo significado, uno de ellos, es el de “huir a cualquier país donde gobierne la derecha para no pagar impuestos en tu propio país”.
En este primer caso, el verbo resulta no ser transitivo. Cuando lo sea, su significado resultará: “Dar la nacionalidad de tu país a cualquier evasor de impuestos, mafioso o corrupto”.

Resulta gracioso el parecido fonético del verbo “Depardierovat” con el “Departirovat”, “deportar” en español, con un significado totalmente distinto, aunque quizás también válido, o deseable, para el señor Depardieu.

En ruso, los verbos tienen dos formas, perfecta e imperfecta, dependiendo de si la acción ha sido o será realizada totalmente o no. Uno de los prefijos clásicos para la formación de la forma perfecta de los verbos es “Po-”. Así, “Podepardierovat”, vendrá a significar: “el que ya se fue a evadir impuestos (o ya vino), o el que lo hará con toda seguridad”. En forma imperfecta, “Depardierovat” significará “Hacer un Depardieu”, o “el que lo estaba haciendo”.


LOS PREFIJOS.

Las dos formas pueden acompañarse de infinitos prefijos que darán infinitos significados diferentes, añadiendo matices a la raíz del verbo. Aquí ofrecemos algunos ejemplos que sirven de introducción a la desbordante plasticidad del idioma ruso:

-El prefijo “Pere-”, a menudo viene a significar la repetición de una acción, o el uso excesivo de la misma. Así “Peredepardierovat”, vendrá a significar “el que ha cambiado dos o más veces de país para evadir impuestos”.
Pero si el verbo se usa de forma transitiva, es decir, cuando su acción recae en otro objeto o persona, vendrá a significar: “dar demasiadas nacionalidades o favores a los evasores de impuestos en tu país”, o, “dar dos o más veces la ciudadanía a Depardieu para que evada impuestos”.

Muy interesante es el prefijo “Vzs-”, que viene a significar que el verbo al que acompaña realiza una acción de abajo hacia arriba. Por ejemplo, con “letat” (volar) - “Vzsletat” significa despegar (un avión o cohete).
De ello que “Vzsdepordierovat” describe al señor Depardieu dando grandes y festivos saltos (de abajo hacia arriba) por recibir la nacionalidad rusa, o, según el contexto, despegar violentamente del suelo para evadir impuestos, práctica muy habitual.

El prefijo “Ot-” viene a significar lugar de origen, punto desde el que se inicia la acción. Un ejemplo práctico: “El señor Bárcenas otdepardieruet de España a Suiza”, es decir, manda dinero a Suiza para no pagar impuestos en España.

Los prefijos “Nad”- y “Pod-” significan “Sobre” y “Bajo”. Hay que usar la imaginación para alcanzar su verdadero sentido, pues de lo contrario resultaría: “Dar la nacionalidad a un evasor de impuestos subido a hombros del señor Depardieu”. Evidentemente no es así. “Naddepardierovat” significa conceder nacionalidades en base a los principios por los que se le dio al actor francés”. “Poddepordierovat” significaría hacerlo bajo esas leyes, muy aplicable al tráfico de trabajadores ilegales para beneficio de los que habrán de explotarlos.

El prefijo “Ob-” significa “alrededor”. Así, “Obdepordierovat” significaría recorrer toda Europa buscando escondite para esconder los dineros.

Y un último ejemplo, entre tantos: el prefijo “Na-” significa realizar el verbo que sea dado con una finalidad rotunda. “Nadepardierovat” puede tener varios significados. Uno es el de “pagar a un país para conseguir su nacionalidad y evadir impuestos”; otro sería, en el caso del gobierno, “seleccionar y formar un gobierno a base de sobornos con un fin...”

FORMAS REFLEXIVAS.

Las formas reflexivas añaden matices interesantes, pues son acciones que recaen sobre uno mismo, a veces, sin la colaboración del gobierno ruso.
Su formación es sencilla. Hay que añadir al final del verbo, en cualquiera de sus formas personales, el sufijo “-sia”.
Resulta, por ejemplo, “Depardierovatsia”, es decir, “darse a uno mismo la nacionalidad rusa para evadir impuestos”
En caso de que el sujeto sea un ciudadano ruso, “Depardirovatsia” resulta: “creerse Depardieu y no pagar impuestos a Francia”, o, dependiendo del contexto: “formar un gobierno de amigos de Depardieu para evadir impuestos en el propio país”.

Un paso más allá: “Peredepardierovatsia”, resultará “darse dos o más veces a uno mismo la nacionalidad rusa para evadir impuestos”; y según el contexto “ser ciudadano ruso, autoconvencerse de ser ciudadano francés por la mañana, y por la tarde extraer el pasaporte ruso de un bolsillo, sorprenderse y creerse nacionalizado, y de esa manera evadir impuestos”.

No hemos hablado aun del prefijo “Za-”, que significa, entre otras cosas, que la acción del verbo transcurre detrás de algo. En forma reflexiva, “Zadepardierovatsia”, vendrá a explicar el fenómeno por el que el señor Depardieu se esconde detrás de sí mismo para evadir impuestos. En caso de que sea el sujeto un ciudadano ruso, significará “esconderse detrás del Depardieu que lleva dentro para ocultar dinero”.

Un último ejemplo: “Obdepardierovatsia”. A un ruso le sonará divertido, pues la forma reflexiva de un verbo con el prefijo “Ob-” suele utilizarse para expresiones malsonantes que vienen a significar “hacer el ridículo más extremo” . Con la ayuda del verbo “Depardierovat” y ese significado se pueden extraer un sin fin de matices y detalles festivos.

Y vale por hoy.

En la siguiente lección analizaremos los cuatro participios del ruso y las declinaciones irregulares, siempre junto al señor Depardieu, con varios ejemplos que seguro que nos regalará.

martes, 8 de enero de 2013



EL CORAZÓN DE LOS URALES


Ekaterimburgo, igual que Estambul, con Asia a un lado y al otro Europa.
Como Estambul, también tiene puerto. Un puerto seco, al que llegan cientos de ríos de piedras y metales, trenes, vagones como barcos.
Los Montes Urales, más viejos que nadie, han sido tan comidos por el aire y el agua que a sus montañas sólo les queda el corazón abierto. Esta es la patria de las minas.
Las calles de sus ciudades suelen estar adornadas por grandes rocas. Orgullosos de ellas, en sus panzas ponen placas de metal donde se ve una serpiente con una corona. Eso viene de un cuento de Bazhov, el más importante cantor de estas tierras, aquel que escribió “La flor de piedra” (cómo no), musicalizada después por Prokófiev.

Pero, a pesar de lo pétreo del asunto, el Dios es de madera. En uno de sus muchos y hermosos museos, con sus tres metros de altura, y desde su vitrina, hace como que calla el Ídolo de Shiguir, la escultura de madera más antigua del mundo, con sus diez mil años de vejez.

La carretera que va desde Ekaterimburgo a Kirovgrad pasa junto al lugar donde se encontró. Pero no se ve nada, cortinas de árboles blancos, nieve blanca y cielo gris.


Otra vez Kirovgrad. Sincronizadas casas amarillentas, cuadradas, entre los bosques blancos, la escuela, la plaza, las chimeneas de las fábricas, el frío extremo... la apoteosis del Futurismo. Hace poco me hicieron recordar a Beli... “este país es para la epopeya”, decía, atacando a los acmeístas. Sí, es épico existir aquí. Triunfan los verbos, el idioma ruso está infestado de ellos. La lírica somos nosotros.

El bisabuelo, el tártaro Yerulá, era profesor de árabe en Ufá. Llegado el día, empezó a dar también clases para campesinos, trabajadores, analfabetos... Después lo detuvieron, lo mandaron a Siberia y lo encerraron allí hasta que murió el tirano. El otro bisabuelo fue conductor de camiones contra los alemanes en el frente de Bielorrusia.
El viejo árbol de año nuevo en una caja de cartón. Figuritas de cristal. Una mazorca de maíz, un pepino, un reloj, un viejo duende con barba de algodón, un soldadito con una estrella roja, un limón, un muñequito de nieve... Ensalada de arenques con remolacha, cebolla y patata, setas marinadas, mandarinas, gelatina con carne... Entre el hielo de las ventanas se ve la plaza, la estatua de Kírov, el Palacio de Cultura, mientras sigue nevando.

Nos reímos. El abuelo vuelve a contar su gran historia. Sobre cuando un autobús le pasó por encima de la cabeza después de resbalarse en el hielo cruzando la carretera. Los compañeros de la fábrica vinieron a a su funeral. “¡Yakovlevich! ¿Pero qué haces?” - le regañaban, contentos - “¡Nos han dado el día libre en la fábrica para enterrarte!”.
Esto es de cuando en el mundo no había teléfonos móviles, de cuando las sorpresas eran más rotundas.
Ahora el abuelo ya no sale de casa. Cosas de la edad. Mira por la ventana mientras fuma y dice siempre dice lo mismo: “Hace ya tanto tiempo de eso, tanto tiempo...” Aparece el presidente en la televisión, quedan diez minutos para las doce y el fin del año. El abuelo se duerme profundamente.

El año nuevo empieza con una explosión de sol y cielo azul. Los optimistas hablan de veintiocho grados bajo cero. La gente está de buen ánimo. Algunos se tambalean todavía, y se tambalearán por tiempo indefinido. Se reparten felicitaciones. Sobre un viejo trineo tiramos de tres grandes bidones de agua. De forma milagrosa, hay agua líquida en el manantial.
Durante el largo camino, las pequeñas vallas de las casas se doblan, se contonean, se retuercen bajo el peso de la nieve. Pierden sus colores con el tiempo. Desteñidas, torcidas, magníficas. Algunos, los del mal gusto, los traidores, las ponen nuevas, rectas. A esas ni las miro.

Un fino chorro de agua sale de lo hondo de la tierra, y a los pocos metros, al llegar al arroyo, se hace hielo. Los vecinos han hecho a la fuente una caseta de madera verde. Sobre ella está pintado Pushkin, y un poema escrito con letra infantil.

Atardece pronto. Los pescadores vuelven caminando sobre el hielo del enorme lago, como pulgas negras que se mueven sobre una hoja de papel. Cae la noche. Se oyen petardos, fuegos artificiales y, entre medias, mucho silencio. En ese bosque hay lobos, alces, osos. El más temido es el llamado “Shatún”, aquel oso rebelde que, nadie sabe por qué razón, no se duerme en invierno. Ese pasa estos meses tambaleándose entre la nieve, soñoliento, hambriento y furioso. Con el enérgico y sorprendido acento de estas tierras me cuentan que no hay que temerles en verano, que pasan sin más, que hay comida para todos. Pero ahora... ahora es mejor beber un poquito de vodka, coge un poco de embutido, y vuelve en verano, que iremos a buscar oro, y pescaremos unos peces así de grandes... Qué poco se parecen estos hombre y estas mujeres a los de Moscú, San Petersburgo... Su pueblo es más grande que cualquier metrópoli. Aquí se lleva por dentro y por fuera un horizonte mucho más ancho.

Ekaterimburgo otra vez. Visitamos sus esculturas de hielo, en la Plaza de 1905. Paseo por la Calle Vainer, la Calle Lenin... arriba, en la zona de las universidades, hace enmudecer a cualquier capital del mundo.
De esos bloques de viviendas me cuentan una historia curiosa: cuando se construyeron, en los años 30, no hicieron cocinas en los pisos. Había que liberar a la mujer de la esclavitud de la cocina, y en su lugar, pusieron unos grandes comedores a los que iban los vecinos a comer juntos.
El proyecto fracasó. Las ideas hermosas no son siempre buenas ideas. A la gente le gustaba cocinar, como tantas cosas que son innegociables. Construyeron cocinas.

El tren ya marcha. Pasamos por las tierras de Bashkortostán, Tatarstán... Embobados pasamos las horas viendo abetos gigantes. Mañana estaremos ya en la templada, cálida, tropical Moscú. Después del frío de los Urales, cuentan que en Moscú crece la papaya, el aguacate y florece el limonero.

miércoles, 26 de diciembre de 2012


LA CANCIÓN DEL PETREL.

“Eso de lo dirás a todas”... y era verdad, Lenin, a veces, se repetía.
“Es el espejo de la Revolución”. Repartía el piropo a diestro y siniestro: Pushkin, Chernishevskiy, Chéjov, Herzen, Gógol...todos, y quizás llevase razón.
Pero no, Lenin no se repetía tanto, no tanto como debiera. La memoria popular es la que ha otorgado ese apelativo de “Espejo de la Revolución”, parafraseando a Lenin, a cualquiera que fue escritor o poeta. Y quizás también lleven razón.
Vladímir Ilich sólo otorgó esos honores a un escritor: a Lev Tolstoy.


A otro lo galardonó de la siguiente manera: “Eres el Petrel de la Revolución” - le dijo. En ruso el pájaro petrel se dice “Burievestnik”, “el que trae la tormenta”.

Ese honor no podía ser para otro que no fuera Maxim Gorki.

¿Cuándo le dimos la espalda a Gorki? ¿Por qué pasa de largo en nuestras conversaciones? ¿Demasiado triste?
En español hay muy pocas traducciones: es fácil olvidarlo. ¿Pero, y en Rusia? En realidad, no lo olvidan, simplemente no lo nombran.

Cuando llegaron los señores hace veinte años, la Avenida de Gorky fue la primera en ser cambiada de nombre, por el insípido “Tverskaya”, que no significa nada, simplemente, que por allí se va a Tver.
No cambiaron el nombre de ningún general, de ningún político. Eliminaron el nombre de un escritor, de un gigantesco escritor.


Porque sí, Gorki fue un gigante. Vivir sin él es dar la espalda a una época entera, a hombres y mujeres de los que nadie escribió nunca. Sin Gorki, las revoluciones de 1905 y 1917 parecen sucesos espontáneos, un barrunto, una pataleta.
Sin la influencia de Gorki, los periodistas han descubierto este año que en Rusia hace frío en invierno. Cientos de muertos después, le echan la culpa al frescor de la mañana...
Sin Gorki, nos quedamos sin los nombres, los sentimientos y las verdades de esos mendigos, sin sus noches de soledad en las calles heladas, sin sus porqués ni sus cómos.

A Nabókov no le gustaba. Escribió muy enfadado sobre él en sus clases de universidad en EEUU. Eligió para zurrarle el segundo relato de juventud de Gorki. Respetable. A Nabókov nunca le gustaron los niños esclavos, ni los rincones malolientes, ni la suciedad, ni los mendigos, ni conversar con las prostitutas. Odiaba el mundo sin brillo, ese espacio donde no existe lo sublime. También es cierto que hubiera perdido su trabajo si hubiese dicho lo contrario.
A Tolstoy y a Chéjov les gustaba muchísimo. Más a Bábel, sobre todo desde que le diera aquel consejo de dejar de escribir un tiempo y mezclarse con hambrientos, bandidos, con hombres y mujeres de toda calaña. El resultado fue fabuloso: Caballería Roja.

Lenin tenía imaginación para lo que quería. Era capaz de inventarse caminos donde no los había, pero no gastaba tanta imaginación poniendo motes.
“Petrel de la Revolución”, el trae-tormentas, venía de un famoso texto de Gorki que llevaba ese nombre, “La Canción del Petrel”
Se trata de eso que llaman poema en prosa. Son los peores para traducir. Sin apoyo de rima alguna con la que camelar al oído, basan su ritmo en la sonoridad propia del idioma, diferente a la de otros.

Elijo, no obstante, la “Canción del Petrel” porque me gusta. También porque es uno de ese puñado de cosas que viven aun en la memoria de cada ruso, uno de los himnos. Hay que cantar esa canción hoy, cuando la quieren eliminar en los colegios, cuando demuestran que les sigue doliendo.
Fue escrito en 1901, y su carácter valiente y profético es evidente. Por cosas como esta no dejaron a Gorki ingresar en la universidad.

LA CANCIÓN DEL PETREL


“Reúne nubes el viento sobre la gris llanura del mar. Entre las nubes y el mar vuela el petrel, como un rayo negro.
Con sus alas corta las olas, hacia las nubes remonta como una flecha, y grita, y las nubes escuchan alegría en su valiente clamor.
Ante la tormenta las gaviotas gimotean, ante la tormenta sobrevuelan el mar confundidas, y en sus fondon quisieran esconder su miedo.
Gimen las gavias – a ellas no les llegará nunca el sabor de la lucha por la vida: les asusta el estruendo del trueno.
El tonto pingüino, vergonzoso, esconde su grasiento cuerpo entre las rocas... ¡y sólo el petrel vuela alto, orgulloso, valiente y libre sobre la gris espuma del mar!
Sobre el mar se precipitan oscuras y bajas nubes , y cantan, se levantan las olas para encontrarse con el trueno.
Retumba el trueno. Las olas lanzan alaridos en su lucha contra el viento. Las abraza el viento, y con un manotazo de furia salvaje las arroja contra las rocas, haciéndolas polvo y salpicada masa de esmeralda.
Grita y vuela el petrel, como un rayo negro, como una flecha atraviesa las nubes, corta con sus alas la espuma de las olas.
Ahí va, demonio negro de la tormenta, y ríe, y grita...¡de las nubes se ríe, de alegría llora!.
En la furia del trueno, pequeño demonio, harto de escuchar el cansancio, cree, cree en que las nubes no pueden ocultar el sol.
El viento sopla... Retumba el trueno...
Como llamas azules arden los rebaños de nubes sobre el mar sin fondo. El mar agarra las flechas de los rayos y los apaga con su vorágine. Los rayos, como serpientes de fuego, golpean el mar con su reflejo mientras se apagan.
-¡Tormenta! ¡Se desata la tormenta!
Grita valiente el petrel entre los rayos, sobre los furiosos alaridos del mar; grita la profecía de la victoria:
-¡Más fuerte, tormenta, más fuerte!”

martes, 18 de diciembre de 2012



SOBRE EL FIN DEL MUNDO.



Adoro los días de invierno, cuando se congelan los pelos de la barba y del bigote. El aliento va formando tempanitos en ellos, y yo los voy chupando. El pelo añade al vaho congelado las sales minerales necesarias para el organismo. Respiro y me alimento a la vez. Es una forma de ahorro.

Kazarmenniy Pereulok
Caminamos por el Callejón “Kazarmenniy”, y por el Bulevar Pokrovskiy. Vamos siguiendo los pasos de esa novela mítica, “Las doce sillas”, de Ilf y Petrov. Son estos los últimos barrios antiguos y supervivientes al plástico. Me gustan, a veces me recuerdan a Odesa... esa ciudad que tanto recuerda al viejo Moscú.

¿Será en este patio donde encontró Ostap Bender la silla número siete? ¿Será esa la casa donde aquellos tres escribían una ópera para el Bolshoy llamada “El rayo de la muerte”? ¿Escribía en este patio Liapis Trubetskoy ese poema mecánico en el que cambiando un sustantivo de cada verso, resultaban infinitos poemas nuevos? Quiero pensar que sí, anima el paseo.

Vamos hablando de lo inminente y lo inevitable: el fin del mundo. Bromeamos, decimos barbaridades, echamos unas risas. Pero alrededor, en buena parte de esta ciudad, existe un profundo temor.

Para nosotros es un tema jocoso, pero lleva a un tema más delicado: las nuevas creencias en Rusia.

Hoy, por aquí, se cree en cualquier cosa, menos en el hombre.
Rusia siempre fue un país religioso, sujeto radicalmente a una fe y a sus contradicciones, hasta tal punto, que fue la cuna de la extrema negación de dioses y destinos: el Nihilismo, padre del ateísmo, que es, de cierta manera, una cuestión de fe.

Los comunistas entendieron perfectamente esa condición religiosa endémica, y, luchando contra las viejas creencias, hicieron de la suya una nueva religión, construyeron bajo tierra catedrales, estaciones de metro que sustituían una fe por otra (en mi opinión, mucho mejor encaminada y justa).

Hoy, la nueva fe es el dinero, un nuevo dios al que los rusos rezan en inglés.

Pero no ocupa esta nueva fe tanto hueco vacío en el alma de muchos rusos.
Se prueba con la Iglesia Ortodoxa, pero tampoco satisface tanta necesidad espiritual. Deberían probar a dar misa en los McDonald, y en inglés.
Pero, además, Rusia fue uno de los últimos países europeos en cristianizarse. Apenas mil años atrás. Los dioses paganos y sus tradiciones, los espíritus de los pantanos y los dragones siguen muy presentes (mitología que, si bien el comunismo no fomentó, si mantuvo viva, al ser estudiada como hecho histórico y antropológico al mismo nivel que el cristianismo).

Y un último añadido: el fomento de la ignorancia y la pseudo-ciencia.

“La palabra “Etrusco”, significa : “Es ruso”, de ahí que Italia la fundasen rusos”
“Rusia, Ra-sía, viene de la palabra “RA”, dios del sol egipcio... con eso se demuestra la participación de los rusos en la construcción de las pirámides...”

Cosas semejantes se dicen, se publican, se venden. Se extienden por el pueblo, un pueblo que está ya lejos de las universidades y las cátedras. Y todas esas cosas suelen tener un matiz, una intención, extremadamente nacionalista, peligrosa.
El método favorito de los “sabios” es el de coger palabras sueltas del ruso, buscar palabras parecidas por su sonido en otros idiomas, y, saltándose cualquier ley lingüística de formación, origen o desarrollo de las palabras, terminan “demostrando”, por ejemplo, que todos los idiomas vienen del ruso, que los rusos reinaron una vez en el mundo... y cosas de ese estilo. (En Ucrania es todavía peor, e inventándose una raíz del nombre de su país, que significa “junto a la frontera”, “demuestran” su origen en pueblos mesopotámicos y en los fundadores de Troya, y lo que es terrorífico: de eso se habla en las escuelas)

La pseudo-ciencia y el ardiente fervor “místico” se combinan, se reproducen... ocupan espacio las sectas, las adivinas, el tarot...

Profesor Andrey Anatolevich Zsalisniak
Aparece en la conversación el Profesor Zsalisniak. Miembro de la Academia de Ciencias de Rusia, (el Cerebro de oro). Doctor en Filología y tal vez el mejor lingüista del país.

El bueno del Profesor lleva años corriendo de una esquina a otra de Moscú, va perdiendo el aliento, luchando contra la tontería. Se agota escribiendo en pizarras demostraciones de que no, que “Bruselas” no significa “tierra de los bielorrusos”, que “Perú” no tiene nada que ver con la palabra rusa “Piervo” (primero), es decir, que los rusos no descubrieron América...

A sus conferencias van cientos; los libros que mienten con alevosía tienen miles de lectores. Está mucho peor vista la verdad que la Pseudo-historia, escrita por pseudo-científicos que ganan millones que no son pseudo (“pseudo”, del griego antiguo: “falso”, “no verdadero”; en griego moderno significa “Unión Europea”).

De todo esto a una numerosa creencia en el fin del mundo va un pequeño paso. Llaman la atención unas estadísticas que dicen que EEUU es el país más creyente en el fin del mundo del día 21. Después va Rusia. Nunca me dejará de sorprender lo rápido que se extiende la ignorancia, y como la ignorancia hace que todos nos terminemos pareciendo.

¿Qué pasará cuando el día 22 salga el sol? He visto tanta promoción y tanto miedo en una parte de la población, tanta duda respecto al fin de los días, que me atrevo a afirmar que sí, algo cambiará después. Habrá mucho desilusionado, mucho sorprendido, mucho nuevo profeta con cálculos nuevos.
Pero, sinceramente, no dejará de ser una anécdota, y a nadie hace daño que se hable del fin del mundo, aunque cierto es, que el miedo es el mayor negocio que existe.

Preocupa mucho más el tema hablado, el de las creencias en mentiras absolutas sin el menor indicio, la revisión de la historia a través de leyendas, de mitos, de magias y mentiras... con un fuerte componente nacionalista: el más peligroso elemento que vive hoy en Rusia. A nadie se le escapará que todas esas nuevas teorías recuerdan con claridad a los que buscaban a los arios primitivos.

Como contraste, y para desgracia de muchos, el edificio más grande de la ciudad sigue siendo una universidad. El fin del mundo llegará cuando deje de serlo.